El profesordel Departamento de Ciencias de la Tierra de la Universidad de Zaragoza,Antonio Casas, experto en riesgos geotécnicos, ha alertado en Radio Arnedo delriesgo de sismicidad inducida que presenta la presa de Enciso y considera,cuando menos, una imprudencia su construcción que, además, también tiene riesgode colapso por deslizamientos.Lo ha explicado junto al profesoremérito de Economía de la Universidad de Zaragoza, Pedro Arrojo, experto engestión y economía hídrica, fundador de la Nueva Cultura del Agua y diputado deUnidos-Podemos, con motivo de la charla que ambos ofrecieron el pasado sábado enla sede de Podemos en Arnedo.Casas ha recordado que “estamos enuna zona sísmica importante. Hace quince días se cumplió el 200 aniversario delterremoto de intensidad 8 que destruyó en 1817 los Baños de Arnedillo y que sesintió en toda la zona. Tener una columna de agua de cien metros, en una zonadonde las fallas que provocan la sismicidad están muy cerca de la superficie,es muy probable que produzca lo que se denomina sismicidad inducida, terremotosimportantes como los producidos históricamente en la zona, en donde tenemos unregistro importante, porque además del de 1817 están los de 1929 y 1961”. Además, Casas ha explicado que “a lolargo del vaso hay deslizamientos con volumen total de 25 hectómetros cúbicos,lo que supone que, para una presa de 47 hectómetros cúbicos, los deslizamientosson capaces de rellenar el embalse hasta la mitad de su capacidad, creando unriesgo adicional de que las presas naturales que se vayan formado rompan yprovoquen un colapso de la principal, con consecuencias muy graves para todaslas poblaciones aguas abajo, principalmente Arnedillo”.Por eso, ha recalcado que la presade Enciso, cuyas obras se retomaron el pasado 1 de abril con un nuevo plazo deejecución hasta su conclusión de 18 meses, presenta unos riesgos que son “académicamenteinadmisibles en relación con los posibles beneficios que teóricamente podríatraer”.A esto, Casas ha unido losproblemas derivados de la construcción de la carretera que bordea la presa, porlo que ha apoyado la propuesta que hizo Podemos de dejar su pared en los 75metros, como estaba antes de esta última reanudación de las obras, “porqueserviría para almacenar entre 7 y 15 hectómetros cúbicos, que sería suficientepara atender, teóricamente todas las necesidades que plantea el proyecto yevitaría un problema muy grave para el que no hay aún solución, como es la nuevacarretera hacia Yanguas, que no tiene que salida porque se han encontrado conun gran deslizamiento de casi 7 u 8 hectómetros cúbicos y eso se está moviendo”.De ahí, ha dicho, “que lo queparece lógico es mantener la cota y no subir hasta los 103 metros porque sepodría salvar la carretera actual, además de que se evitaría un gasto adicional”.En este punto, ha añadido que “con20 o 25 metros de lámina de agua quizá también se produzca sismicidad induciaen una falla activa como ésta, pero al menos se limitaría el riesgo y seaprovecharía la obra hecha hasta ahora”.Por su parte, el experto engestión y economía hídrica Pedro Arrojo ha señalado que la presa de Enciso estásobredimensionada y no cuenta con la planificación necesaria en unainfraestructura de este tipo, cuyos costes de explotación tampoco han sidoobjeto de estudio ni de información hacia sus potenciales usuarios, por ejemploen el ámbito del regadío.Arrojo ha indicado que “hablan deexpectativas de regadío pero no hay proyecto de canal. Si no hubiera riesgopara las personas, que es lo que no se puede aceptar, hay que hacer cálculoseconómicos. Hay que estudiar cuánto tendrán que pagar los futuros regantes sila presa se pone en marcha, porque hay ejemplos de infraestructuras que se hanhecho pero no se han usado porque no había disposición a pagar lo que costabadespués. Hay que saber cuánto están dispuestos a pagar los regantes, si lessale rentable, no vaya a ser que gastemos lo que no tenemos y luego no lo sea”.Con todo, el fundador de la NuevaCultura del Agua ha reiterado que la principal objeción que se puede poner a lapresa de Enciso es el riesgo cierto que su construcción y entrada enfuncionamiento puede suponer para las personas. Y ha puesto como ejemplo loocurrido en 1963 con la presa italiana de Vajont, cuya ladera se deslizó sobreel vaso del embalse y la inundación arrasó tres pueblos y acabó con la vida de2.000 personas.Arrojo ha recalcado que “losgeólogos tienen tecnología para entender todo esto, pero el Estado sigue con lode sostenerla y no enmendarla. Hay intereses creados y no existe ni una mínimahumildad para reconocer el valor de la vida de las personas. Como mínimo, hay queser prudente. No se trata de crear alarmas infundadas, pero hay dudas razonables,hay riesgos y todo esto hay que estudiarlo a fondo, además de los cálculos económicos”.Junto a esto, Antonio Casas haseñalado que tampoco hay que perder de vista el impacto ambiental que laconstrucción de la presa de Enciso ha provocado en la zona, además del humano, “conla pérdida de un pueblo, Las Ruedas de Enciso”.Así, ha añadido que “es curiosoque la Confederación Hidrográfica del Ebro, que es tan estricta con un pescadorfurtivo o cuando alguien extrae cuatro piedras del río, cuando se hacen obrasde estas características no haya ningún tipo de consideración ambiental nimiramiento, en una zona en la que el turismo, además, es un recurso muy importante”.En cuanto a los motivos que vedetrás de la insistencia de la Administración en construir una presasobredimensionada y con riesgos, al margen de otras consideraciones, Casas haindicado que ve una planificaciónhidrológica claramente equivocada en la que “alguien pensó no en satisfacerunas necesidades sino en regular toda la capacidad del río Cidacos, cuya aportaciónmedia anual es de 57 hectómetros cúbicos, para una presa de 47 hectómetroscúbicos de capacidad”.También ha explicado que elproyecto cumple con la normativa del 1974 del Instituto Geográfico Nacionalpero no con la de 2012, porque no se ha traspuesto, pero que prevé una sismicidadmucho más alta para la zona.Así las cosas, tanto Antonio Casascomo Pedro Arrojo creen que la soluciónmenos mala sería planificar la gestión de la presa para una cuarta parte de sudimensión. En suopinión, “habría que llenarla unos 20 o 25 metros de altura y destinar todo lo quese está invirtiendo ahora en subir la pared hasta los 103 metros en restaurarel cauce y las laderas afectadas por los deslizamientos”.Además, Arrojo ha instado a “no seguir engañando a lagente. Hay que calcular los costes de todo el proyecto, la presa, el canal, elmetro cúbico de agua, la hectárea regada. Y hay que explicar a los futuros usuariospara ver si están dispuestos a pagar. Que no se siga haciendo demagogiapolítica con el agua y con el regadío. Es transparencia política”.
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