El director, guionista y crítico de cine riojano Bernardo Sánchez, colaborador del festival y coordinador de la exposición ha destacado que “esta exposición era un deseo largo de ‘Octubre Corto’ y estoy seguro de que el festival habla por centenares de espectadores cinematográficos que hemos escuchado a Eduardo, a Santiago y a Eduardo-Teófilo durante años en sus sesiones cinematográficas, en la edad dorada de los cine-clubs..lo que ellos tres hicieron por nosotros, enseñándonos a mirar, a pensar, a reflexionar a través de las películas, de su palabra y de la pasión que transmitían por el cine. Es un legado extraordinario y hace mucho tiempo que queríamos hacerlo (…) Es un tributo y un agradecimiento a personas que pusieron en nuestros ojos y pensamiento muchas historias y que, a través de ellas y de las películas, nos enseñaron a mirar el mundo”.
La exposición, que se puede visitar hasta el próximo 28 de octubre, de lunes a sábado de seis a nueve de la tarde, recoge una parte del material recopilado por Santiago Gil de Muro, parte de él perteneciente a sus hermanos.
Según ha explicado Chechu León, director del Octubre Corto y responsable de la producción de la muestra, “son materiales principalmente de Santiago, que legó a Bernardo; algo que nos mandaron los Carmelitas de Burgos y algo que nos ha dejado Carmen, la viuda de Eduardo. Con esto hacemos un recorrido por una época, los 60, 70 y 80 y mucha gente que la ha vivido se va a emocionar viendo aquellos programas, aquellos afiches, cosas que hemos ido recopilando y que darían para hacer otras dos exposiciones”.
Entre el material expuesto, León ha citado fotogramas que Santiago utilizaba para explicar, por ejemplo, los tipos de plano, o parte las críticas que los hermanos escribieron sobre películas como “Calle Mayor”, “Tasio” o “Pulp Fiction”, cuyo cartel ha sido recreado para anunciar la presente edición del “Octubre Corto”.
En la exposición queda patente también la vertiente humana y sacerdotal de los Gil de Muro, a quienes con ella se agradece su presencia, su personalidad y su legado.
Un agradecimiento también de las Diócesis riojana, en palabras del vicario general Vicente Robredo, que fue alumno de Santiago y amigo de los tres. Robredo ha señalado que “la Diócesis está orgullosísima de los tres porque han sabido de alguna manera no solo plasmar la belleza en abstracto, como Platón diría, las ideas, sino en la concreción de lo que es el arte particular creado por las personas que han sabido, de alguna forma, regalarlo. Ellos nos han acompañado, nos han sensibilizado, nos han ayudado a muchos sacerdotes que han pasado por sus manos a entrar en contacto con el cine como expresión también del ser humano, de la verdad más esencial. La verdad y la bondad y la belleza son tan múltiples que es imposible abarcarlas y el cine, que es un abarcador de artes, de alguna forma tiene esa ventaja y ellos nos lo han sabido transmitir”.
También la vicealcaldesa de Arnedo, Rosa Herce, ha mostrado su agradecimiento por la exposición y el orgullo del Ayuntamiento por “hacer este homenaje a estos tres arnedanos que tan importantes han sido en el mundo del cine, dentro y fuera de nuestra región. Nos enseñaron a ver cine, a pensar y a abrir la mente a este arte”.
Por su parte, el gerente de Fundación Caja Rioja, Carlos Fuentes, ha puesto el acento en la colaboración que la entidad y el festival de cine “Octubre Corto” mantienen para sacar adelante iniciativas como esta exposición.
Una familia enamorada del Séptimo Arte
Santiago, Eduardo Teófilo y Eduardo. Gil de Muro. Que es lo mismo que decir: del Cine. Gil de Muro Quiñones. Hermanos, arnedanos y, no en vano, hijos de un acomodador del Teatro-Cine Cervantes. Citar sus nombres es evocar una trinidad de emisarios de la buena nueva del cine, en todo su humanismo, complejidad, belleza, reflexión y cultura. A su vocación sacerdotal unieron la del cine, que pronto pasaría a ser para ellos, a lo largo del transcurso diverso de sus vidas, una forma de mirar y pensar. Pero, además, también de comunicación, espectacular a la vez que introspectiva. Es decir, de autoconocimiento.
El marco teórico que la Iglesia prestó al cine desde los años 30 hasta el concepto de “Film Ideal” de finales de los 50 fue en el que los fraternos encajaron su actividad múltiple de divulgación del universo cinematográfico: un magisterio ejercido desde la más absoluta libertad, sin tutelaje alguno, y que logró transferir a generaciones de espectadores riojanos, a través de los Cine-Clubs, ciclos y cursillos, un mismo grado de libertad en la visión del cine.
A su faceta de programadores y formadores hay que añadir las de espectadores convictos, irreductibles, del cine, algo que ellos incorporaron como una forma de vida. Y su “apostolado”, digamos, cinematográfico se desarrolló a lo largo de varias décadas que fueron de transición en muchos sentidos, ante lo que ellos mostraron una capacidad de adaptación admirable.
Sin prejuicios y con la mirada muy abierta. Pero además del cine recordamos su presencia, su personalidad, su voz y su humor. Su humor era muy importante, en público y en la distancia corta. Esta Exposición pretende ser un tributo a su memoria y una muestra de agradecimiento. Y una celebración de las películas que nos dieron a ver. Y a pensar.
Santiago Gil de Muro [1923-2021]
Sacerdote diocesano. Delegado de Medios de Comunicación Social de la Diócesis de Calahorra-La Calzada-Logroño. Profesor del Seminario logroñés y de la Escuela de Magisterio, Enfermería y Comercio (hoy Universidad de La Rioja). Director del semanario Pueblo de Dios y colaborador radiofónico en la COPE Rioja. Es autor del libro Los cine-clubs riojanos, décadas de luz (1997). Santiago fue la proa de numerosas campañas de iniciación al cine, a su lenguaje, historia y temáticas, y dinamizador de algunos de los más recordados Cine-Clubs riojanos (baste citar el Cantabria, el Pío XII o el Lumière). Y una referencia en el panorama cine-clubista nacional. Incansable espectador, bien en las salas, en festivales (de Gijón a San Sebastián) o en su casa, veía una película casi cada día. Y no dejó nunca de recopilar, leer y ordenar toda la información, incluida la más actual, que sobre películas y realizadores llegaba a sus manos.
Eduardo Gil de Muro [1941-2007]
Activista en todos los campos de la divulgación y animación cinematográfica en La Rioja. Técnico de Comunicación en Cáritas Diocesana. Autor del libro De los valores del cine al cine de los valores (2006). Fue comentarista de cine de la Revista de Voluntariado Social, en la que se ocupó de la sección “Crítica de cine solidario”. En El Péndulo del Milenio publicó en 2001 un estudio sobre Carlos Saura, uno de sus directores favoritos.
Bernardo Sánchez, en su artículo “Hondo” (2007), definió a Eduardo con las siguientes palabras: “pertenecía a una generación de espectadores dotados de un músculo sin recambio posible. Su grado de exigencia y de autoexigencia era agudo, tanto como el gozo íntimo que le producía aquella película que le ahondaba. Y fueron muchas. Y cada vez era –así se traslucía en su testimonio oral o escrito– una epifanía. El cine era un vademécum para Eduardo, y su fórum una extensión natural de la emoción”.
Eduardo Teófilo Gil de Muro [1927-2012]
Sacerdote y carmelita, profesor, crítico de cine, escritor de más de 70 libros y periodista. Después de formarse en Humanidades en su entorno familiar, se ordenó sacerdote en 1952 y ejerció su ministerio en varios destinos.
Destaca como muy fructífera su etapa latinoamericana, ya que entre 1957 y 1964, residió primero en Uruguay, país con una enorme cultura cinematográfica. Ahí fundó el Cine club Fax, que poco a poco fue aumentado en asistentes y en prestigio. En Montevideo fue donde tuvo los primeros contactos con el periodismo cinematográfico, pues fue invitado a uno de los canales de la televisión para hablar de La dolce vita de Fellini y obtuvo el galardón Vittorio de Sica. Más tarde, en Bolivia, se convirtió en uno de los más respetados críticos de cine y fundó el Cine club Luminaria.
De regreso a España, estudió Periodismo y trabajó como redactor de la agencia Coprensa y en la revista Teleradio de TVE. En los años 80 se convirtió en director de programas religiosos de TVE como El día del Señor, Últimas preguntas y Pueblo de Dios.

