Las Cuevas de los Cien Pilares reciben 228 visitas en el primer fin de semana de apertura tras la inauguración de su segunda fase
El escritorio de un monje, donde se escucha con el sonido de la pluma recorriendo el pergamino; el lugar donde otro reza arrodillado mientras decenas de calaveras reposan en los huecos horadados en la pared; un austero dormitorio, con sólo un camastro y un crucifijo en la pared; un herbolario donde se aprecian los aromas de hierbas y plantas o el palomar donde decenas de aves encuentran su hogar y refugio, cuyo aleteo retumba entre la roca. Son sólo algunos de los espacios que los primeros visitantes de la segunda fase del Complejo de las Cuevas de los Cien Pilares, que recorre todo el Cerro de San Miguel de Arnedo, han podido conocer e incluso sentir de primera mano este pasado fin de semana, gracias a una cuidada ambientación, que no deja al azar ningún detalle, y que hace que esta parte complemente a la perfección a la primera, que se inauguró en 2017 y con la que se ha conectado mediante una escalera de caracol que salva los 6 metros de desnivel entre ambas.
